Volviendo a Casa

dsc_2507.jpgConcha Buika
vuelve a casa y lo hace nada menos que en el renovado teatre principal,
con una muy buena entrada y un público que la esperaba con los brazos
abiertos.

 


Si algo imperó
en la velada fueron las emociones que Concha quiso descargar a través
de su voz rasgada y versátil, con una con una capacidad de
transformación única que iba de la suavidad un tanto arenosa al quiebro absoluto transmitiendo una energía y un sentimiento que no deja a nadie indiferente.

 

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Concha Buika
vuelve a casa y lo hace nada menos que en el renovado teatre principal,
con una muy buena entrada y un público que la esperaba con los brazos
abiertos.


Si algo imperó
en la velada fueron las emociones que Concha quiso descargar a través
de su voz rasgada y versátil, con una con una capacidad de
transformación única que iba de la suavidad un tanto arenosa al quiebro absoluto transmitiendo una energía y un sentimiento que no deja a nadie indiferente.



Las palabras
hacia el público no faltaron entre tema y tema, palabras llenas de
nerviosismo, por que el Teatre Principal impone. La isla no pudo
contener a Concha Buika, y ahora ha vuelto por
la puerta grande, en estado de gracia. Pero aun así el pequeño teatro
se le hizo muy grande y así lo expresó a lo largo del concierto.

 

 

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Buika es un
autentico portento de la escena, sus tablas están sobradamente
demostradas y sabe perfectamente que hacer para apoderarse de la
atención del público desde que pone un pie sobre el escenario. Cada
gesto se mueve entre la espontaneidad y la premeditación. Concha ha
captado a la perfección el concepto de espectáculo y más allá de su
música su propia presencia ya tiene un impresionante peso específico en
el conjunto.

 

Moverse entre
géneros como la copla, la ranchera o el flamenco prácticamente en un
mismo tema sin salir mal parada es complicado y ella lo consigue,
actuando como un catalizador que añade a la mezcla pasión y elegancia de una forma realmente única.

Tal vez esos
mismos nervios que la empujaban propiciaron algún momento de descontrol
vocal, pero las circunstancias permiten ser indulgentes ya que
probablemente el empeño en entregarse a su público estuvo por encima de
la pulcritud escénica en algún instante de la velada, pero el público a
esas alturas ya estaba subido al tren para disfrutar del viaje
entregados al momento sin más pretensión que la de dejarse llevar y
emocionar.

El
acompañamiento de Concha estuvo formado por Daniel López, un joven
valor de la guitarra flamenca, Iván Gonzalez “Melón” al piano, Ramon
Suarez “Porrina” al cajón, Alain Perez al bajo. Costo en general que
estos músicos hacerse un hueco en la atención del público. Un público
que venia con la intención de volcarse de forma casi exclusiva en la
protagonista de la noche. Y que tampoco hizo los meritos suficientes
para destacar sobre la marea vocal de Concha Buika.

El momento álgido para el público fue el tema “Mi niña Lola” y
un tema dedicado a la Isla de Mallorca que arranco los aplausos más
calurosos de la noche, uno de los muchos guiños de Buika al público
isleño.

 

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