Richard Bona-Jazz Voyeur Festival 2009

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Richard Bona se encuentra en un excelente momento de forma, tanto que es evidente que ya no necesita demostrar nada como bajista, y eso se destiló a lo largo y ancho de una noche claramente enraizada en la tradición africana que acabó asomándose a los ritmos caribeños.

Jazz Voyeur Festival 2009
Richard Bona.

12 de noviembre de 2009, Conservatori de Palma, 20:30.

Richard Bona (bajo y voz)
Etienne Stadwijk (teclados),
Jean Christophe Maillard “Mbutu” (guitarra),
Obed Calvaire (batería),
Mike Rodríguez (trompeta)
Marshall Gilkes (trombón)

 

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Lo que en principio suele destacarse como motivo de espanto; un instrumentista metido a cantante, en el caso de Bona fue una agradable sorpresa. Con su privilegiada voz invocó constantemente los espíritus de África, incluso hizo cantar y dar palmas al público, con mayor fortuna de lo habitual en estos casos…

 

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En su infancia se fogueó cantando y tocando en la iglesia, lo que no tiene el mismo significado aquí que en Camerún o en New Orleans, y cuando se trasladó a Douala, su obsesión por George Benson le llevó a aprender sus solos del “Breezin” y cantarlos. Tal vez eso le ayudó a ser el director musical de la gira europea de Harry Belafonte en 1998, el caso es que en el conservatorio su faceta vocal gozó de mayor protagonismo e interés que la de instrumentista.


Todo ello, no viene mas que confirmar que aunque alcanzó fama internacional como bajista, las habilidades de Richard Bona son tan variadas, que “necesariamente” debia ser músico, hubiese nacido en Douala o en Saskatchewan.

 

 

richard_bona_4.jpgEl eco de Ladysmith Black Mambazo es incuestionable, pero Richard Bona es un buen cantante, no un buen bajista que además canta. La sonoridad de su lengua nativa douala, en la que habitualmente canta, rápidamente cautiva con su magia al oyente, la personalidad de Bona hace el resto.

 

 

Una banda multiprocedente como esta; Camerún-NY, Guadalupe, Maryland, Haití, Amsterdam o Queens, es un coctel que pocos pueden hacer sonar bien, pero en este caso, Bona consigue que todo suene coherente.


“Siesta Man”, como el mismo se definió, bordó un concierto en el que saco de paseo al auditorio del conservatorio por su riquísimo mundo musical interior, sin duda, un viaje de excepción.

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