A vueltas con Woody Allen

 

 

Woody Allen ha cerrado su gira europea en Roma, lo que deja entrever  que también tiene reservado lo suyo para el resto de continentes en los que todavía no ha desplegado sus encantos musicales.

woody_allen_plays_clarinet_std.jpgLo leemos en ABC , una entusiasta nota -para ser de agencias- en la que se califica la música de Allen como de terapéutica.

La fórmula sigue funcionando, el morbo por ver a Allen de cerca y poderlo contar el lunes en el trabajo puede con cualquier disquisición musical, otro factor que supera el juicio musical de uno es pagar 60€ por un concierto, reconozcamos que casi más duro que dos horas de espasmódicos solos de clarinete es  tener que reconocer que hemos pagado para escucharlos.

Lo pudimos comprobar en el archi-famoso Palma Arena, cientos de personas aplaudieron todos y cada uno de los "inolvidables" momentos que nos regalaron Allen y compañía sin el más mínimo atisbo de mohín en sus caras. En su momento ya pudimos ver como él solo era capaz de lastrar a cuanto músico se subiera al escenario, arrastrando incluso a músicos excepcionales como Greg Cohen o Eddy Davis a  al barro, conscientes ambos de que el que tienen al lado intentando tocar el clarinete es su única oportunidad para que miles de personas estén dispuestas a pagar para verles tocar  un manido repertorio Dixie lejos del hotel Carlyle, sin duda un injusto planteamiento para los músicos que se tienen que buscar la vida sin más argumentos que su talento.

   
No busquen más, si esta es la primera crítica negativa que encuentran hacia la figura musical del momento probablemente sea la penúltima (la otra la pueden encontrar aquí ), ya que a falta de un buen guardia civil dispuesto a dictaminar que “eso no es un músico” parece que tampoco existe periodista dispuesto a reconocer que para ver lo que hace Woody Allen sobre el escenario difícilmente se debería cobrar.

Si quieren ver la mejor obra de Allen en referencia al Jazz no hace falta que vayan a verle tocar, su mejor trabajo se llama Sweet and Lowdown , aquí llamada “Acordes y desacuerdos” un precioso ejercicio de sensibilidad hacia la música y los músicos, demostrando que por más que se empeñe, sólo una de sus pasiones se le da realmente bien.

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