Alain Pérez en el JVClub

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Alain Pérez presenta "Apetecible", con su "Girando Por Salas" en el Jazz Voyeur Club el próximo domingo 12 de diciembre.

 

 

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 Nota de prensa Jazz Voyeur:

"Alain Pérez es incapaz de mentir. No hablo de una mentira piadosa, sino de su arte. Él es igualito a su obra. Para quienes no lo conozcan, aquí se lo presento: el hombre-orquesta que se debate entre el pasado (siglo XX) y el presente (siglo XXI), pero como corresponde a un artista de su talla, siempre con miras al futuro. Este nuevo ramillete de doce temas originales que lleva el título de uno de ellos, Apetecible, es el retrato de Alain en éste preciso instante, la instantánea de uno de los músicos más completos que ha dado Cuba en los últimos cincuenta años.
Al igual que muchos de sus coterráneos, la carrera de Alain ha transcurrido en el exterior; en su caso, específicamente en Madrid, dónde ha sido adoptado por los grandes del flamenco y dónde ha conseguido asimilar esas vertientes de la música popular norteamericana que dejan su huella por dónde quiera que pasan. Ha sido también en Madrid dónde Alain – en la distancia – ha visto incrementada la devoción por su primer amor, la música cubana. Lo que suena en Apetecible es la deliciosa fusión de diversas corrientes musicales en múltiples géneros – bolero, guaracha, chachachá, mambo, funky, rock, soul – con aires de jazz y flamenco. Es el pop de la era cibernética.
Al colaborar con Alain hace casi cinco años, le dije que era “el hombre que piensa con los dedos”, por su habilidad de componer desde su instrumento predilecto, el bajo eléctrico de cinco cuerdas. Poco después, esa tarea se hizo más llevadera al emigrar a España su padre y letrista de siempre, Gradelio Pérez. Si bien Alain es único, de tal astilla, tal palo. Juntos son capaces de resumir a todas las posibles Marías del corazón en una pícara guaracha que desemboca en carnaval:


María que se fue, María que vino
María primero, María después
Una María que ya no me quería
Otra María que me quiere bien.


Hoy nadie puede permitirse el lujo de producir un disco con dos buenos temas y diez de relleno. La gente descarga (legalmente, ¡por favor!) el par que gusta, y el resto pasa automáticamente al anonimato merecido. Llevo días escuchando Apetecible y soy incapaz de elegir favoritos. Seré goloso, pero me quedo con todos. Con “Siglo XXI”, canción de denuncia de un mundo al revés. Con “Juanito El Malo”, Pedro Navaja de la poesía en minúscula, traficando sus sonetos a ritmo de mambo y rock. No puedo dejar atrás “Enséñale a quererte”, chachachá del amante despechado, pero seguro de sí mismo. Tampoco “No vuelvas a decirlo”, dónde la primavera rompe con el invierno, y el jazz latino se pasea con el funky, enmarcado por el piano estelar de Osmany Paredes.
Alain le canta al amor como se merece, en todos sus matices y géneros. Con elegante arreglo de cuerdas a “Rosa (De La Rosa Roja)”, mujer de vida fácil, pero difícil. Con orgullo, “fingiendo indiferencia / para curarme de tu ausencia” en “Pero No Termino”.
Avalado por la imaginación del Puro (apelativo cubano para el padre), Alain le canta al beso que mata, a la vez “veneno voluptuoso / astuto carcelero” pero también “nocturno y alevoso / cazador furtivo”. ¿Quién da más?
No podían faltar los habituales de sesiones de grabación y conciertos, empezando por Paco de Lucía en el tema – a mitad del camino entre Cuba y España – que da título al disco, una oda a la “muchacha de Gran Vía” que es todo “un frasco de aventuras”. El bailaor Juan de Juan cierra “Apetecible” tal fin de fiesta gitano. Niño Josele aporta lo suyo al amor a destiempo en “Me duele pero te dejo”, otro tema viral, vital, de igual procedencia geográfica. Llevo décadas escuchando a Jerry González, pero rara vez ha tocado tan dulce como en “Amor de bolero”, inmediato clásico del género. Y ¿quién me iba a decir que iba a escuchar la armónica de Antonio Serrano en un desplante romántico (“un día, un mes / un siglo y después / me vas a querer”), “Tengo Una Esperanza”, disfrazado de country?
Con tantos compromisos que cumplir, hacía tiempo que Alain no nos entregaba un disco de su propia inspiración. No podía ser otra cosa que un alegre diario de viaje que empieza monte adentro en su querido Manaca Iznaga natal, para ir a parar, de momento, en el Madrid de la mejor música contemporánea. Admirando al virtuoso instrumentista-compositor-arreglista que todos se disputan en su ciudad adoptiva, es fácil obviar que, ¡parió la abuela!, estamos también ante un gran cantante como los de la vieja escuela – apuesto y dispuesto, gallardo, sensual – como aquellos que están grabados en su código genético. Como yo con los temas de este disco, cuando repartieron dotes, mi amigo Alain se quedó con todos. El hombre que piensa con los dedos, canta con el corazón."

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